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Labubus: los peluches que alcanzan los 170 mil dólares en subastas internacionales
De Hong Kong a Hollywood: así se expandió el mercado millonario de los Labubus.

Los Labubus, muñecos de peluche con apariencia de elfos creados en Hong Kong, se han consolidado como uno de los artículos de colección más codiciados en el mercado global.
Su recorrido comercial comenzó con un costo aproximado de 15 dólares en las denominadas blind box o cajas sorpresa, pero en la actualidad algunas de sus ediciones limitadas se venden en subastas por más de 170.000 dólares.
La historia de estos muñecos se remonta a la creación del ilustrador hongkonés Kasing Lung, quien hace una década dio vida a un elfo de aspecto particular que pronto se convirtió en la base de un fenómeno cultural.
La compañía Pop Mart adoptó sus diseños y los llevó al mercado como productos coleccionables, utilizando el sistema de cajas cerradas que obliga a los compradores a confiar en el azar para obtener una figura.
El atractivo del concepto radica en la expectativa generada al abrir cada caja y descubrir si el muñeco corresponde a la figura deseada o a una edición rara.
Las llamadas versiones “secretas” o limitadas se convirtieron en el principal motor del coleccionismo y en el origen de la fiebre que luego se expandió fuera de Asia.
En Asia, particularmente en Corea del Sur, las tiendas registraron largas filas de compradores dispuestos a esperar horas para conseguir un Labubu.

Aunque el precio inicial de los muñecos oscila entre 15 y 30 dólares, en el mercado de reventa los valores se multiplican. Ejemplos notables incluyen el modelo Labubu the Monsters - Dress To Be Latte, vendido por más de mil dólares en portales como eBay, o la edición Labubu x Vans Old Skool, que alcanzó 10.000 dólares en julio de este año.
El hito más significativo ocurrió en junio, cuando en la Subasta Internacional Yongle de Pekín se adjudicó un Labubu de tamaño real —1,2 metros de altura y color verde menta— por más de 170.000 dólares.
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Se trató de la primera puja dedicada exclusivamente a estos objetos de colección, lo que marcó un precedente en el mercado global de juguetes de lujo.
El fenómeno cruzó continentes y desembarcó en Estados Unidos, especialmente en Los Ángeles, donde es común ver los muñecos en barrios como Chinatown y Little Tokyo, además de los tradicionales puestos del Paseo de la Fama.
En este entorno, los Labubus no solo se venden como recuerdos turísticos, sino también como accesorios de moda vinculados a la cultura de las celebridades.
La popularidad internacional de los Labubus se consolidó gracias a la difusión en redes sociales. La cantante Lisa, integrante de Blackpink, mostró uno de estos muñecos en un llavero y generó un efecto multiplicador.
Desde entonces, artistas y deportistas de reconocimiento mundial los incorporaron a su vida cotidiana.
La tenista Naomi Osaka apareció en el US Open con un Labubu personalizado denominado Billie Jean Bling, decorado con cristales de Swarovski.
David Beckham compartió en sus redes sociales la fotografía de un muñeco que le obsequió su hija Harper.

En el fútbol, el argentino Rodrigo De Paul fue captado en repetidas ocasiones con un Labubu acompañando sus pertenencias deportivas.
La lista de celebridades vinculadas a esta tendencia incluye a Lady Gaga, Rihanna, Kim Kardashian y Dua Lipa, quienes han sido vistas con versiones personalizadas de los peluches. Para algunos, se han convertido en símbolos de identidad y lujo en el ámbito del espectáculo.
El caso de los Labubus ilustra cómo un producto concebido como juguete infantil puede transformarse en un artículo de colección con valor de inversión.
La combinación de diseño, estrategia de comercialización y promoción en redes sociales permitió que un personaje ilustrado se convirtiera en un fenómeno global con presencia en subastas internacionales, tiendas especializadas y pasarelas de celebridades.
Con precios que van desde los pocos dólares en su formato original hasta seis cifras en ediciones exclusivas, los Labubus representan una nueva categoría en la industria cultural: juguetes convertidos en bienes de lujo que circulan entre coleccionistas y figuras públicas, y que evidencian la creciente intersección entre entretenimiento, moda y mercado de arte contemporáneo.
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