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Qué es el financiamiento DIP y qué viene ahora para Canacol Energy tras su crisis económica y la incertidumbre
Tras reportar el préstamo a la Superintendencia Financiera la compañía gasifera enfrenta nuevos retos.
Luego de reportar a la Superintendencia Financiera en las últimas horas el desembolso inicial de recursos, en el caso real de Canacol Energy Ltd., el financiamiento DIP debe entenderse como una etapa transitoria dentro de un proceso más amplio de reorganización y no como una solución definitiva a sus problemas financieros.
La compañía, que solicitó protección bajo la Companies’ Creditors Arrangement Act (CCAA) en Canadá, recurrió a este mecanismo luego de enfrentar un deterioro sostenido de su liquidez, una elevada carga de deuda y dificultades para cumplir oportunamente con sus obligaciones financieras en un entorno de tasas altas y menor acceso a capital.
El préstamo DIP acordado con un grupo ad hoc de tenedores de sus bonos senior no garantizados contempla hasta 45 millones de dólares en financiamiento en efectivo, más la posibilidad de emitir hasta 22 millones de dólares en cartas de crédito para respaldar obligaciones operativas.
Tras el primer desembolso de 15 millones de dólares a comienzos de enero de 2026, la empresa aseguró oxígeno financiero inmediato para mantener la operación, pero al mismo tiempo quedó sometida a una estricta supervisión judicial y a compromisos que condicionan cada paso siguiente.
Superada la fase inicial de liquidez de emergencia, lo que viene ahora para Canacol es la etapa más compleja del proceso: la definición de un plan de reorganización integral que permita reestructurar su pasivo de forma sostenible.
Esto implica, en primer lugar, negociar con sus acreedores financieros —especialmente los tenedores de bonos— las condiciones bajo las cuales se modificará la deuda existente, ya sea mediante extensiones de plazos, reducción de tasas, quitas parciales, canjes de deuda por capital u otras fórmulas que alivien la presión sobre el flujo de caja. Sin un acuerdo de fondo en este frente, el financiamiento DIP solo serviría para aplazar un desenlace adverso.
De manera paralela, la compañía deberá demostrar ante la corte y ante los acreedores que su negocio es viable en términos operativos.
Esto supone mostrar proyecciones realistas de producción, ingresos y costos, así como una estrategia clara para maximizar la monetización de sus activos de gas en Colombia, resolver cuellos de botella de infraestructura y priorizar inversiones estrictamente necesarias.
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En este punto, el control judicial sobre el uso de los recursos del DIP juega un papel central, pues obliga a Canacol a ceñirse a presupuestos estrictos y a reportar periódicamente su desempeño.
Otro escenario que se abre tras el DIP es la posibilidad de desinversiones selectivas. Si bien la empresa busca preservar su operación principal, no se descarta que, como parte del plan de reorganización, se evalúe la venta de activos no estratégicos o participaciones específicas para generar liquidez adicional y reducir deuda.
Este tipo de decisiones suele formar parte de los procesos CCAA cuando la prioridad es estabilizar la estructura financiera y mejorar los indicadores de apalancamiento.
En términos de gobierno corporativo, el proceso también puede traer cambios. La reorganización puede implicar ajustes en la estructura accionaria, una mayor influencia de los acreedores en las decisiones estratégicas o modificaciones en la administración, especialmente si los acuerdos de reestructuración incluyen conversiones de deuda en capital.
Para los accionistas actuales, este es uno de los puntos más sensibles, ya que suelen ubicarse al final de la jerarquía de pago.
Si Canacol logra consensuar y obtener la aprobación judicial de un plan de reorganización creíble, el siguiente paso sería la salida ordenada del proceso de protección, con una estructura de deuda más manejable y una operación estabilizada.
En caso contrario, si las negociaciones fracasan o la empresa no demuestra viabilidad suficiente, el escenario podría derivar en una reestructuración más agresiva o, en última instancia, en una liquidación controlada de activos, aun cuando ese no sea el objetivo declarado del DIP.
En síntesis, tras el financiamiento DIP lo que viene para Canacol Energy es una carrera contra el tiempo: convertir el alivio temporal de liquidez en una reestructuración profunda que ataque las causas estructurales de su crisis financiera.
El DIP le da margen para operar y negociar, pero el desenlace dependerá de su capacidad para convencer a acreedores y jueces de que su modelo de negocio puede sostenerse con una deuda reducida y con flujos de caja suficientes en el mediano y largo plazo.
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