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Día Mundial de la Acuicultura: origen de la fecha, panorama en Colombia y papel de la Aunap en el impulso al sector
Una industria que aporta al desarrollo económico del país con el trabajo de más de 36.000 acuicultores y sus familias a nivel nacional.
Cada 30 de noviembre, la acuicultura tiene su propio espacio en el calendario mundial. La fecha no nació de una resolución de Naciones Unidas, sino de una suma de iniciativas técnicas y académicas que buscaban visibilizar el papel de la producción de peces, moluscos y crustáceos cultivados en estanques, jaulas y sistemas controlados.
En Europa, particularmente en España, la Sociedad Española de Acuicultura (SEA) impulsó desde 2012 la celebración del Día de la Acuicultura, escogiendo el 30 de noviembre, día de San Andrés, patrono tradicional de los pescadores, como jornada para abrir granjas, laboratorios y centros de investigación al público y mostrar el potencial de esta actividad para el desarrollo sostenible.
Con el tiempo, la efeméride se amplió, fue asumida por fundaciones conservacionistas y centros de investigación —como la Fundación Biodiversidad en España y redes europeas como Ecoaqua— que ya reconocen ese día como “Día Mundial de la Acuicultura” y lo usan para organizar conferencias, talleres y campañas de divulgación sobre el aporte de la acuicultura a la seguridad alimentaria y a la economía azul.
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La coyuntura de 2024 y 2025 elevó aún más el significado de la fecha. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) confirmó en su informe “El Estado Mundial de la Pesca y la Acuicultura 2024” que en 2022, por primera vez en la historia, la acuicultura superó a las pesquerías de captura como principal fuente mundial de animales acuáticos.
Según la FAO, la producción acuícola alcanzó 130,9 millones de toneladas, de las cuales 94,4 millones correspondieron a animales acuáticos destinados en un 89 % al consumo humano, lo que significó el 51 % de toda la producción mundial de animales acuáticos.
Mientras la pesca de captura permanece prácticamente estancada alrededor de 92 millones de toneladas desde los años ochenta, la acuicultura ha sostenido el crecimiento del suministro de pescado para consumo humano y hoy aporta más de la mitad del pescado, crustáceos y moluscos que llegan al plato de la población mundial.
En este contexto global, el Día Mundial de la Acuicultura se convierte en una oportunidad para revisar el papel de países emergentes en el mapa acuícola.
Industria que crece en Colombia
Colombia es uno de ellos. Desde hace más de una década, los diagnósticos oficiales muestran que la producción en cautiverio viene reemplazando gradualmente a la pesca de captura como fuente principal de proteína de origen acuático en el país.
Un estudio de la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (AUNAP) sobre el estado de la acuicultura en Colombia señalaba que ya en 2011 la acuicultura representaba el 51,4 % de la producción nacional de pescado, superando por primera vez a la pesca de extracción.
Las cifras más recientes confirman esa tendencia. De acuerdo con reportes de la Aunap dirigida actualmente por William Tepud y del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en 2023 la producción acuícola colombiana se ubicó alrededor de 192.000 toneladas, mientras que la producción pesquera por captura estuvo en torno a 81.000 toneladas.
Es decir, casi tres de cada cuatro kilos de pescado producidos en el país ya provienen de sistemas de cultivo. Tilapia, cachama, trucha arcoíris y camarón encabezan la lista de especies cultivadas, junto con algunas especies nativas en desarrollo.
La geografía de esa acuicultura también está bien delimitada. El Sistema de Información de la Cadena de la Acuicultura (SIOC), del Ministerio de Agricultura, muestra que la piscicultura continental se concentra en cinco departamentos.
Regiones clave y la Aunap
Huila aporta cerca del 44 % de la producción, seguido de Meta (14 %), Antioquia (cerca del 6 %), Tolima (4,8 %) y el eje Cundinamarca–Boyacá (alrededor del 5,3 %).
Allí se ha configurado una industria que combina pequeños productores, asociaciones campesinas, empresas medianas y grandes jugadores que surten cadenas de supermercados y mercados internacionales.
El vínculo con el comercio exterior también es creciente. Una resolución del Ministerio de Agricultura que actualiza lineamientos para la cadena acuícola recoge que en 2022 Colombia exportó 22.693 toneladas de tilapia y trucha, entre otros productos, consolidando a estos filetes como un renglón relevante en la canasta agroexportadora.
A comienzos de 2025, la AUNAP informó que solo en enero se enviaron al exterior más de 4.000 toneladas de productos pesqueros y acuícolas, con la tilapia encabezando las intenciones de exportación por valor (18,1 millones de dólares) y volumen (2.415 toneladas).
La acuicultura, así, no es únicamente un complemento para el consumo interno, sino un sector que trae divisas y dinamiza el empleo rural.
Ese crecimiento, sin embargo, viene acompañado de retos en materia de sanidad animal, sostenibilidad ambiental, formalización y acceso al crédito.
Aquí entra en escena la Aunap, la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca, creada en 2011 y adscrita al Ministerio de Agricultura.
La entidad es responsable de promover, acompañar y evaluar el desarrollo del sector pesquero y acuícola, regulando el uso de los recursos hidrobiológicos y apoyando la consolidación de la cadena productiva.
En 2024, al cumplir trece años, la propia Aunap destacó que hoy acompaña a cerca de 300.000 pescadores y alrededor de 36.000 acuicultores, en un esfuerzo que combina regulación, asistencia técnica, fortalecimiento empresarial y apoyo a la comercialización.
Sistema de información clave
Uno de los pilares de ese acompañamiento es la información estadística. A través del Sistema Estadístico Pesquero Colombiano (SEPEC), la Aunap recopila datos de desembarcos, volúmenes de producción y características de los establecimientos acuícolas, que sirven de insumo para diseñar políticas públicas, orientar incentivos y tomar decisiones sobre vedas, ordenamiento de embalses y control de esfuerzos productivos.
La consolidación de un sistema estadístico confiable es clave en un momento en que el país debe balancear la expansión de la oferta de pescado con la protección de ecosistemas estratégicos.
En paralelo, la Aunap ha participado en la formulación de instrumentos de política sectorial, como el Plan Nacional para el Desarrollo de la Acuicultura Sostenible —construido con gremios como Fedeacua y apoyo técnico de la FAO— y en diagnósticos sobre la situación de la acuicultura continental y marina, donde se identifican brechas en infraestructura, transferencia tecnológica y acceso a mercados.
Estos documentos han servido como hoja de ruta para priorizar inversiones en bioseguridad, mejoramiento genético, alimentación, manejo de aguas y reconversión de sistemas extensivos hacia modelos más eficientes.
La dimensión social también está en el centro del mandato institucional. La Ley 2268 de 2022, que creó beneficios sociales para los pescadores artesanales, asignó a la Aunap la implementación de programas de pesca responsable en todos los nodos de pesca del país y la concertación de actividades productivas alternas en épocas de veda, incluidas alternativas acuícolas que permitan mantener ingresos cuando la captura se restringe.
Aunque la ley se concentra en la pesca artesanal, la misma lógica se aplica a pequeños piscicultores que dependen de cuerpos de agua sujetos a regulaciones ambientales y climáticas: diversificación productiva, formalización asociativa y capacitación como herramientas para reducir la vulnerabilidad.
Apoyo del gobierno
En los años recientes se han sumado instrumentos financieros y de gestión de riesgos. Un paquete de incentivos lanzado por el Gobierno en 2025, y divulgado por el Ministerio de Agricultura y medios económicos, incluyó subsidios a tasas de interés, seguros agropecuarios y esquemas de ahorro dirigidos al sector pesquero y acuícola, con tasas subsidiadas de hasta 16,2 % para asociaciones de pescadores y acuicultores, acompañados de asistencia técnica.
Aunque estos instrumentos se articulan a través de entidades financieras como Finagro y bancos públicos, la Aunap cumple un papel de bisagra, identificando organizaciones viables, validando proyectos y conectando a los productores con las líneas de crédito y aseguramiento disponibles.
Al nivel territorial, la acción se vuelve más visible en casos concretos. En marzo de 2025, por ejemplo, la Aunap documentó una jornada de entregas de equipos e insumos a asociaciones de pescadores y acuicultores en el municipio de Caucasia, Antioquia, con dotación de aireadores, tanques, alimentos e insumos para procesamiento primario.
El objetivo declarado fue fortalecer la productividad y apoyar la justicia social en comunidades que dependen de la pesca y la piscicultura en la cuenca del río Cauca.
En octubre de 2025, la entidad anunció una iniciativa regional para fortalecer la pesca sostenible y combatir el cambio climático, con acciones destinadas a proteger los recursos pesqueros y acuícolas, mejorar el ordenamiento de las pesquerías y promover prácticas productivas que reduzcan la huella ambiental del sector.
Estas intervenciones se complementan con campañas de capacitación permanente sobre buenas prácticas acuícolas, normatividad sanitaria, manejo de enfermedades y exigencias de bioseguridad, en coordinación con el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) y los gremios del sector.
El futuro
Los documentos técnicos y boletines del ICA y de Fedeacua resaltan la importancia de contar con establecimientos bioseguros, sistemas de manejo de agua adecuados y protocolos de control de enfermedades para reducir riesgos y asegurar la continuidad de la producción.
En el plano internacional, la coyuntura también exige a la acuicultura colombiana adaptarse a estándares más exigentes. La FAO ha insistido en que la expansión de la acuicultura debe venir acompañada de una “transformación azul” que ponga en el centro la sostenibilidad ambiental, el bienestar animal y la resiliencia frente al cambio climático.
Para Colombia, eso implica avanzar en trazabilidad, certificaciones, uso racional de insumos y reconversión tecnológica, de manera que la tilapia, la trucha y otras especies cultivadas puedan competir en mercados que cada vez miran con más detalle el origen y la huella ambiental de los alimentos.
El Día Mundial de la Acuicultura, entonces, no es solo una fecha simbólica. En un país donde la producción acuícola ya supera a la pesca de captura, sostiene miles de empleos y se proyecta como sector estratégico para la seguridad alimentaria y la diversificación exportadora, la jornada del 30 de noviembre sirve para poner en primer plano los avances, pero también las brechas.
La Aunap aparece como actor clave: regula, acompaña, levanta información, conecta a los productores con la banca y la institucionalidad, y empuja un discurso de producción responsable que busca que el crecimiento del sector no se traduzca en presión insostenible sobre ríos, embalses y ecosistemas.
La evolución de la demanda mundial de proteína acuática, sumada a los límites ecológicos de la pesca, plantea que la acuicultura seguirá creciendo; el reto para Colombia será hacerlo con inclusión social, transparencia y sostenibilidad, de manera que cada Día Mundial de la Acuicultura no solo conmemore el presente, sino que marque avances verificables para los productores y para los ecosistemas que los sostienen.
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