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La historia del arquero ucraniano Trubin: hizo gol de cabeza en minuto 98 al Real Madrid y clasificó al Benfica
Emocionante final del partido de Champions que tuvo al portero de 24 años como la gran figura, es compañero de Richard Ríos quien no jugó por lesión.
La escena ocurrió cuando el partido ya parecía escrito y el Estádio da Luz empezaba a quedarse sin aire: minuto 98, Benfica y Real Madrid jugaban con el reloj como un rival más y el margen era mínimo, de esos que en la Champions se convierten en sentencia.
En el área del Real, entre centrales que miraban al balón y delanteros que esperaban el rebote, apareció un hombre con guantes. Anatoli Trubin, arquero ucraniano del Benfica, llegó desde el arco propio para sumarse a la última pelota quieta, saltó como si ese instante llevara años ensayándose y conectó un cabezazo que terminó en gol.
El 4-2 definitivo no solo selló una victoria improbable: empujó al Benfica a la siguiente ronda por diferencia de gol y alteró el mapa de la jornada, dejando a otros equipos mirando el tablero con incredulidad.
La historia tiene una rareza adicional: los arqueros casi nunca marcan, y cuando lo hacen suele ser en ligas domésticas, en partidos sueltos, como anécdota.
Señoras y señores, acabamos de presenciar historia pura de la Champions League. Última jugada. Benfica 🇵🇹 necesitaba un gol más ante Real Madrid para entrar a playoffs. Lo consiguió. Y LO CONVIRTIÓ EL ARQUERO TRUBIN. Épica con sello Mourinho. Locura. pic.twitter.com/yjADo7cwit
— VSports Team (@VSportsTM) January 28, 2026
La UEFA registró el dato como un hito estadístico: Trubin, además de arquero, figura desde hoy con un gol en la Champions 2025/26, algo que la propia ficha del torneo ya refleja.
El contexto lo volvió todavía más simbólico: Benfica necesitaba un cierre perfecto; Real Madrid buscaba asegurar una ubicación más cómoda y terminó pagando caro un tramo final de desorden, incluso con expulsiones que condicionaron el cierre del juego.
Para entender por qué ese salto en el 98 no fue solo una pirueta desesperada hay que retroceder muchos años y muchos kilómetros, hasta Donetsk, el lugar de nacimiento de Trubin, una ciudad que en la última década dejó de ser solo un punto del mapa futbolero ucraniano y pasó a ser también sinónimo de fractura, desplazamiento y guerra.
Allí comenzó su ruta formativa antes de integrarse al ecosistema que, en Ucrania, funciona como fábrica de élite: el Shakhtar Donetsk.
Trubin se incorporó a su academia en 2014, creció en categorías juveniles, y en 2019 dio el salto al profesionalismo, con un debut de arco en cero que, para un arquero, equivale a una carta de presentación.
El punto de quiebre llegó pronto: con apenas 17 años empezó a ganar espacio hasta tomar un rol principal en la temporada 2020-21.
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En ese período, el calendario lo puso frente al mismo escudo que hoy volvió a cruzarse en su destino: Real Madrid.
Trubin debutó en Champions en octubre de 2020 en un partido que Shakhtar ganó en el Bernabéu, una de esas noches que instalan nombres jóvenes en la conversación continental.
En Ucrania, además, fue parte de un tramo ganador: títulos de liga y copa con un club acostumbrado a competir arriba y a formar jugadores para exportación.
Luego vino el otro cambio, el que no se mide en trofeos sino en decisiones de vida. Con el fútbol ucraniano golpeado por el contexto bélico y las carreras de muchos futbolistas condicionadas por el exilio deportivo, Trubin terminó su etapa en Shakhtar y, en agosto de 2023, Benfica lo fichó con un contrato de largo aliento.
El traspaso, reportado en cifras cercanas a los 10 millones de euros más variables, incluyó una cláusula de beneficio futuro para Shakhtar sobre una eventual venta, un detalle que habla de cuánto valor le atribuía el mercado a su proyección.
En Lisboa, su proceso tuvo una fase de adaptación, competencia interna y consolidación posterior, hasta convertirse en el arquero de referencia del equipo en noches grandes.
En paralelo, la selección de Ucrania lo fue sumando a su propio relato. Trubin pasó por juveniles y llegó a la absoluta: recibió su primer llamado en 2021 y fue parte de los planteles de Eurocopa, en un país donde el fútbol, desde 2022, también opera como espacio de identidad y resistencia simbólica.
Con ese trasfondo, el gol de hoy no cae del cielo como un accidente pintoresco: es, en realidad, la culminación de una personalidad competitiva que se entrena para soportar presión y tomar decisiones frías cuando el estadio empuja.
El partido tuvo elementos de una noche de locura: Benfica remontó, el Real tuvo a Kylian Mbappé como protagonista ofensivo, el partido se llenó de episodios y terminó con el arquero ucraniano como figura final, empujando a su equipo a la clasificación en el último suspiro.
En el banquillo, el técnico del Benfica José Mourinho dimensionó la escena como un momento histórico, y del otro lado el técnico Álvaro Arbeloa habló con frustración por el derrumbe del tramo final.
La imagen de Trubin corriendo desde su área no es solo espectacular por lo que desafía en el manual del puesto. También es una metáfora fácil, casi inevitable: un arquero ucraniano que creció en una ciudad marcada por la ruptura, que se formó en un club obligado a reinventarse, que emigró para sostener su carrera y que hoy, en Lisboa, encontró una manera extrema de decir “aquí estamos” en el torneo más implacable de Europa.
En el fútbol, la épica suele ser caprichosa; pero a veces el guion elige a quien, por historia, mejor encarna el instante.
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