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Óscar Pérez, el inmolado coronel que desafió a Maduro: el símbolo que revive tras la captura del dictador

La historia del oficial que se resistió al régimen en Venezuela y fue asesinado.

Coronel Óscar Pérez
Por Agencia Periodismo Investigativo | Lun, 05/01/2026 - 09:09 Créditos: Coronel Óscar Pérez. Suministrada

Óscar Alberto Pérez nació el 7 de abril de 1981 en Caracas, en el seno de una familia de clase media, y desde temprana edad se formó en escuelas públicas de la capital venezolana.

Hijo de Aminta Rosa Pérez, quien lo crió en medio de limitaciones económicas, Pérez se integró en su juventud al Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), la principal agencia de investigación forense del país, donde pasó más de 15 años como investigador y oficial capacitado, especializado en operaciones con helicópteros y adiestramiento táctico.

Durante esos años se forjó profesionalmente en un ambiente marcado por el incremento de la violencia, la corrupción institucional y la erosión de las libertades civiles que caracterizarían las últimas décadas del proyecto político bolivariano iniciado por Hugo Chávez.

Con la muerte de Chávez en 2013 y la llegada de Nicolás Maduro a la presidencia, la crisis política, económica y social de Venezuela se agudizó.

Maduro enfrentó una ola de protestas, acusaciones de fraude electoral y denuncias de violaciones sistemáticas de derechos humanos.

En este contexto, Pérez pasó de ser un funcionario del Estado a un crítico abierto del régimen, primero manifestando en redes sociales su rechazo a la corrupción y abuso de poder que observaba desde dentro de las fuerzas de seguridad, y después dando un salto dramático hacia la acción directa.

Óscar Pérez, coronel y exfuncionario del CICPC, se convirtió en un símbolo de resistencia tras alzarse contra el régimen de Nicolás Maduro. Suministrada

 

El 27 de junio de 2017, en medio de las protestas antigubernamentales que sacudían al país, Pérez protagonizó un hecho que lo catapultó a la escena nacional e internacional: tomó el control de un helicóptero del CICPC y sobrevoló Caracas, lanzando granadas contra el edificio del Tribunal Supremo de Justicia y contra la sede del Ministerio del Interior, Justicia y Paz, en una acción que ni causó víctimas fatales directas ni pasó desapercibida.

Desde la aeronave, difundió un video en el que condenó al gobierno de Maduro como ilegítimo y llamó a militares y civiles a unirse para recuperar la democracia.

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Tras esa operación, tanto el gobierno venezolano como la oposición emprendieron narrativas encontradas: Maduro calificó a Pérez de “terrorista” y lo acusó de intento de golpe de Estado, y activó la búsqueda policial y militar más intensa desde años atrás; en cambio, sectores opositores y organizaciones de derechos humanos interpretaron el acto como un desesperado gesto simbólico de resistencia frente a un poder que, a ojos de muchos venezolanos, había cerrado las vías institucionales de cambio.

Durante los meses siguientes, Pérez y un reducido grupo de seguidores se mantuvieron huidos, llevando a cabo pequeños actos de disidencia y difundiendo mensajes en redes sociales que denunciaban la represión estatal, el colapso económico y la crisis humanitaria que padecía la población venezolana.

Su figura, controvertida en vida, fue ganando el aura de un opositor radical dispuesto a arriesgarlo todo por la libertad de su país.

El episodio que cerró su historia ocurrió el 15 de enero de 2018, durante lo que el gobierno denominó la Operación Gedeón o masacre de El Junquito. En un operativo coordinado por fuerzas del Estado —incluyendo ejército, Guardia Nacional, policía política (SEBIN y DGCIM) y otros cuerpos de seguridad— se rodeó una vivienda en las afueras de Caracas donde Pérez y varios compañeros se habían refugiado.

Ejecutado en 2018 durante la masacre de El Junquito, Óscar Pérez es recordado por millones de venezolanos como un mártir. Suministrada

 

El enfrentamiento duró horas y, según múltiples relatos y registros en video, concluyó con la muerte de Pérez y seis de sus acompañantes.

Organizaciones de derechos humanos y la oposición calificaron el desenlace como una ejecución extrajudicial, citando evidencia visual y testimonios de que varios de los hombres habían intentado rendirse antes de ser abatidos.

La muerte de Pérez no pasó inadvertida en Venezuela ni en el extranjero. Multimedia de la escena, en particular los videos en los que se le ve con la cara ensangrentada mientras pide rendirse, circuló ampliamente y generó una ola de indignación entre defensores de derechos humanos y activistas que denunciaron abuso de poder y violaciones al debido proceso.

Para muchos venezolanos que se oponen al chavismo, Pérez es hoy visto como un símbolo de resistencia ante un régimen que ha socavado instituciones democráticas, restringido libertades civiles y reprimido protestas populares.

Su figura ha sido reivindicada en murales, redes sociales y discursos políticos como un recordatorio del costo humano de la lucha por la libertad en Venezuela.

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