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Un año de tensiones marca la relación Colombia-Estados Unidos antes del esperado cara a cara Petro-Trump
Tras doce meses de choques diplomáticos, sanciones y cruces de declaraciones, Bogotá y Washington buscan recomponer una relación clave con una reunión entre sus presidentes.
La relación bilateral entre Colombia y Estados Unidos completa un año atravesado por episodios de tensión política, diferencias ideológicas y medidas de alto impacto diplomático, en un contexto en el que ambos gobiernos reconocen la necesidad de preservar un vínculo estratégico. La expectativa ahora se centra en la reunión que sostendrán el presidente colombiano, Gustavo Petro, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, el próximo 3 de febrero en Washington.
El distanciamiento comenzó apenas días después del inicio del segundo mandato de Trump. El 26 de enero de 2025, el Gobierno colombiano negó el ingreso de dos vuelos con deportados procedentes de Estados Unidos, al considerar que las personas no recibían un trato digno al llegar esposadas. La decisión provocó una reacción inmediata de la Casa Blanca, que amenazó con imponer aranceles a productos colombianos, en lo que pudo convertirse en la primera confrontación comercial entre ambos países.
Aunque la crisis se desactivó ese mismo día, el episodio dejó secuelas en una relación que históricamente ha sido sólida. Durante los meses siguientes, las diferencias se ampliaron con críticas reiteradas de Petro a la política exterior y de seguridad de Trump, especialmente en la lucha contra el narcotráfico, la situación en Venezuela y la postura de Estados Unidos frente a la guerra en Gaza.
Pese a ese ambiente, el intercambio económico se mantuvo como un ancla de la relación. Estados Unidos continúa siendo el principal socio comercial de Colombia y su mayor aliado en materia de seguridad. En 2024, el comercio bilateral de bienes y servicios superó los 53.300 millones de dólares, mientras que en 2025 el país norteamericano conservó su lugar como principal destino de las exportaciones colombianas y mayor inversionista extranjero.
Sin embargo, la tensión política escaló a mediados de septiembre, cuando Washington retiró a Colombia de la lista de países certificados en la lucha contra el narcotráfico. Días después, el Departamento de Estado canceló el visado del presidente Petro, tras su participación en una manifestación propalestina en Nueva York. El momento más crítico llegó en octubre, cuando el Departamento del Tesoro incluyó al mandatario colombiano y a varios miembros de su círculo cercano en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC).
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El clima comenzó a cambiar el pasado 7 de enero, cuando Trump aceptó una llamada telefónica de Petro. Ese contacto permitió reducir la tensión y abrió la puerta al encuentro en la Casa Blanca, el primero entre ambos desde el inicio del segundo mandato del presidente estadounidense.
Gremios empresariales y analistas ven la reunión como una oportunidad para recomponer la interlocución y evitar que las disputas políticas afecten el comercio y la cooperación. En Colombia, el debate público se centra en los temas que podrían dominar la agenda, como la lucha contra el narcotráfico, las garantías democráticas y el papel de Estados Unidos frente a la crisis venezolana, así como el eventual levantamiento de sanciones.
En la antesala del encuentro, la canciller Rosa Villavicencio sostuvo conversaciones con el secretario de Estado, Marco Rubio, para preparar la agenda y resaltar la trayectoria histórica de cooperación entre ambos países. Desde el sector privado coinciden en que, más allá de las diferencias entre gobiernos, la relación bilateral requiere una gestión constante y canales de diálogo activos para preservar la confianza mutua.
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